Momentos de una gran travesía en catamarán, Les Sables d’Olonne- Isla Canela (Huelva)

Todo comenzó con un viaje agotador de 17 horas en coche desde Huelva, cruzando toda España, nevada por cierto,y la mitad de Francia. El viaje en coche nos iba dejando increíbles paisajes,  y conforme nos acercábamos al norte más verde y blanco se volvían los campos, como los colores de mi querida Andalucía.

El paso por el País Vasco fue toda una maravilla, todo lleno de bosques y vegetación, todo muy verde. Después de almorzar en Hernani, precioso pueblo, continuamos el trayecto, que finalizó a las once de la noche en nuestro destino,una auténtica paliza. Cuando llegamos descubrimos una ciudad marinera preciosa,con una cultura náutica envidiable y una limpieza que ya quisiéramos tener en las calles de Jerez, pero ese es otro tema que se escapa del blog,  aunque me hierva la sangre de pensarlo.

Nuestro paso por el País Vasco y la ciudad de Les Sables d’olonne

 

El segundo día nos entregaron al que ha sido nuestro compañero durante toda la travesía, un Lagoon 400S, que se va a llamar “Naylah”, un auténtico lujo de barco, que hará el placer de las personas que lo alquilen la próxima temporada en Ibiza,  sí, exactamente, la isla donde trabajo desde hace dos años. Y es que el “Naylah”, está equipado con todo los detalles inimaginables, tanto en electrónica, ya que mediante el wifi podemos controlarlo desde la tablet, hasta el confort de los interiores, con sus cuatro camarotes dobles con sus baños cada uno, su salón y su cubierta, y una terraza más grande que la de algunos apartamentos de verano.Mi compañero Rubén y yo, a punto de embarcar en una aventura que nos llevaría de vuelta a nuestra tierra sureña, previo paso por Gijón, en plena Semana Santa.

 

La Travesía comenzó cruzando el Golfo de Vizcaya, con un temporal de cojones de fuerza seis y olas de seis metros, que en mi caso me pusieron los cojones de corbata durante las 45 horas que navegamos hasta tocar costa asturiana en Gijón, agotador. Ni qué decir tiene que fue una locura por parte del armador, pues podríamos haber esperado unos días más antes de zarpar, ya que la meteorología no acompañaba para nada, pero me reservaré mi opinión al respecto. Zarpamos al anochecer y muy pendientes del AIS y el radar, pasamos la mitad de la noche esquivando pequeños buques pesqueros que salían a faenar en aguas francesas. Conforme íbamos separándonos de costa, a unas 20 millas, el mar fue empeorando hasta que entró la temida fuerza seis. Resistimos los pantocazos continuos y el mareo general, pero he de decir que el catamarán, de categoría oceánica se comportó como un campeón, y las velas, rizadas, aguantaron toda la travesía, aunque a veces parecía que el mástil se partiría por la mitad.

 

Sin embargo, lo agotador del cruce a Gijón quedó compensado con nuestra estancia tres días en esta maravillosa ciudad, que ha superado mis expectativas. Gijón es una auténtica maravilla, con un puerto en todo el centro de la ciudad, un ambientazo que no me esperaba en el norte y unas gentes amables y abiertas a los foráneos como nosotros. Nuestra estancia discurrió entre sidrerías, bares de pintxos típicos y un poco de turismo, en el que no podía faltar por supuesto una visita al mítico Estadio del Molinón, que para un futbolero como yo era visita obligada.Eso sí, la semana santa de allí no tiene nada que ver con la nuestra…un poco descafeinada diría yo, o como me dijo un señor de Gijón, “esto es una verbena comparado con lo que tenéis allí abajo”.

 

 

Con pronóstico meteorológico favorable zarpamos con rumbo a Huelva, seis días interminables, los tres primeros a vela con un viento muy bueno, que nos hizo doblar el Cabo de Finisterre muy rápido. Noches de guardia esquivando pesqueros de arrastre e intentando reconocer todas las luces en la oscuridad, muy entretenido,y a veces, aburrido. Los tres últimos días,toda la costa portuguesa, a motor, todo lo contrario al cruce del Golfo de Vizcaya,  pues no acompañó el viento, pero sí el mar, que estuvo como un plato, y nos brindó puestas de sol y amaneceres únicos, visitas de delfines y aves marinas, alcatraces, charranes…..una maravilla para los que somos científicos y nos gustan los “bichos”, además de cruzarnos con mercantes gigantescos y portacontenedores de 365 metros, cruceros de lujo, etc, que a modo de curiosidad buscábamos en el AIS, informándonos del rumbo que llevaban, a dónde se dirigían, qué transportaban, súper entretenido. Otras de mis distracciones, durante todo el día, fue prepararme y estudiar el temario para el examen del Patrón profesional de recreo, que estaba a dos semanas vista….(y que aprobé señores!).

 

Llegamos el Domingo por la tarde noche, después de haber doblado el Cabo de San Vicente en la punta portuguesa de la península y seis días de navegación a nuestras espaldas, con muchas ganas de pisar tierra, pero también con un poco de pena en mi caso, porque desconectar durante dos semanas de la ciudad, los whatsapp, el móvil, la tele y toda forma de comunicación, es un lujo al alcance de muy pocos, y se agradece. Es mi segunda gran travesía, otra más de unas 1000 millas, la mayoría a vela. Gracias a la fantástica tripulación, al Naylah, que es una maravilla y al buen hacer de todos, hemos llegado a puerto, con la mente puesta en el próximo destino, Ibiza….pero eso será dentro de un mes. Un saludo a todos…siempre de jerezanas maneras!

 

Posdata: Me quedé con la espinita de no haber podido hacer escala en Coruña y visitar a mi colega Damian, con el que tenía muchas ganas de pegarme una fiestecita, pero ya llegará!.

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